Historia Clínica Electrónica y Transformación Digital

La historia clínica electrónica suele presentarse como una versión digital de la historia clínica en papel. Esa imagen ayuda a entender el punto de partida, pero se queda corta. Una HCE no es solamente un documento guardado en una pantalla: es una infraestructura para registrar, consultar, compartir y usar información clínica durante la atención.

Puede ordenar datos del paciente, medicación, antecedentes, diagnósticos, evoluciones, estudios, interconsultas, alertas, indicaciones y resultados. También puede alimentar tableros, investigación, auditoría, gestión de calidad y herramientas de soporte a la decisión.

Por eso, implementar una HCE no es simplemente informatizar formularios. Es modificar cómo se documenta la atención, cómo circula la información, cómo se coordinan los equipos y cómo se toman decisiones. Cuando funciona bien, puede mejorar continuidad, trazabilidad, disponibilidad de datos, seguridad del paciente y capacidad de gestión.

Cuando funciona mal, puede aumentar la carga administrativa, fragmentar flujos de trabajo, generar alertas irrelevantes, inducir errores o hacer que los profesionales sientan que trabajan para el sistema en lugar de que el sistema trabaje para ellos.

La evidencia refleja esa ambivalencia. Una revisión de alcance sobre efectos de implementación y barreras de adopción señala que, pese a los avances de los últimos 25 años, persisten desafíos y los beneficios obtenidos muchas veces quedan por debajo de las expectativas [1].

Esa frase es importante porque evita dos simplificaciones: la HCE no es una solución mágica, pero tampoco es un fracaso inevitable.

Sus resultados dependen de diseño, implementación, contexto, usabilidad, interoperabilidad y apropiación por parte de los equipos.

Uno de los problemas más estudiados son las consecuencias no intencionales. Un trabajo clásico sobre efectos adversos no previstos de las HCE recuerda que la industria avanzó mucho en diseño, desarrollo, implementación y uso, pero que las expectativas iniciales no siempre se cumplieron [2].

Estas consecuencias pueden aparecer como nuevos tipos de error, dependencia excesiva del sistema, copiado acrítico de información, alert fatigue, pérdida de visión global del paciente o tensiones entre documentar para cuidar y documentar para facturar, auditar o cumplir requisitos.

La usabilidad es una dimensión decisiva. Las recomendaciones de AMIA sobre seguridad y calidad sostienen que mejorar la usabilidad de los sistemas de HCE es necesario para reducir consecuencias no deseadas e incluso daños al paciente [3]. Esto desplaza la discusión: no basta con que la HCE tenga muchas funciones.

Debe integrarse al razonamiento clínico, reducir fricción, evitar pantallas innecesarias, presentar información relevante y acompañar el flujo real de trabajo.

Las implementaciones a gran escala muestran que el desafío es también organizacional.

Un estudio mixto sobre centros de atención primaria en Arabia Saudita analizó barreras para implementar un sistema nacional de HCE en aproximadamente 2.200 centros. El trabajo parte de un dato duro: muchas iniciativas tecnológicas no alcanzan sus objetivos por restricciones financieras, complejidad de implementación y otros obstáculos [4].

A escala nacional, una HCE requiere financiamiento, capacitación, soporte, infraestructura, liderazgo, adaptación local y gestión del cambio.

Los contextos de bajos recursos aportan otra enseñanza. El caso de iSanté en Haití muestra que implementar y sostener una historia clínica electrónica madura exige factores de éxito éticos, financieros, funcionales, organizacionales, políticos, técnicos y de capacitación [5]. La sostenibilidad importa tanto como la puesta en marcha.

Un sistema puede instalarse, pero si no se mantiene, no se adapta y no se integra a la organización, termina perdiendo valor.

La optimización tecnológica abre nuevas posibilidades, pero también nuevos problemas. Una revisión de revisiones sistemáticas sobre optimización de HCE señala que el crecimiento de grandes volúmenes de datos sanitarios trae desafíos de procesamiento, análisis, almacenamiento, seguridad, privacidad, intercambio de datos y usabilidad [6].

Es decir, la HCE ya no debe pensarse solo como registro asistencial. Es parte de una arquitectura de datos más amplia.

La integración con wearables ilustra bien esa expansión. Una revisión sobre tecnología wearable e integración con HCE muestra que los dispositivos pueden enriquecer el seguimiento de pacientes, pero también plantean preocupaciones sobre privacidad, interoperabilidad, volumen de datos y utilidad clínica [7].

No todo dato capturado por un dispositivo merece entrar a la historia clínica.

La pregunta es qué información aporta valor, quién la valida y cómo se transforma en una decisión concreta.

La interoperabilidad es otro punto central. Un estudio de grupos focales en el NHS analizó percepciones de pacientes y cuidadores sobre HCE interoperables y su impacto en calidad de atención.

Para los pacientes, poder acceder y compartir información electrónicamente entre prestadores puede afectar la seguridad y experiencia de atención [8]. Esta perspectiva es clave: la HCE no pertenece solamente a una institución.

En trayectorias reales de cuidado, el paciente cruza fronteras organizacionales, y la información debería poder acompañarlo.

También hay usos menos obvios. Las HCE pueden apoyar aprendizaje en el lugar de trabajo y retroalimentación sobre desempeño. Un protocolo de estudio sobre aprendizaje habilitado por tecnología plantea que los usos secundarios de los datos de HCE pueden incluir mejora de calidad, investigación y eventualmente política sanitaria, pero que existe un potencial poco explorado para retroalimentar a profesionales y equipos [9].

Esto transforma la HCE en una fuente de aprendizaje organizacional, no solo en un archivo.

Las intervenciones embebidas en la HCE muestran que el valor aparece cuando el registro se conecta con acciones. Un estudio de implementación sobre eReferral desde HCE a una línea estatal para cesación tabáquica muestra que los cambios del sistema pueden ampliar el alcance de tratamientos basados en evidencia, pero también requieren adaptaciones al contexto y enfrentan desafíos prácticos [10].

La HCE, en este caso, no es solo un repositorio: funciona como punto de activación de una intervención.

Finalmente, la diferencia entre digitalización y transformación digital es decisiva. Un comentario sobre políticas para transformar sistemas de información sanitaria en Estados Unidos subraya la necesidad de infraestructura, aplicación de estándares, interoperabilidad, intercambio de datos y usabilidad [11].

Entonces:

  • Digitalizar es pasar del papel a la pantalla.
  • Transformar es rediseñar procesos, compartir datos con sentido, mejorar decisiones y aprender del propio sistema.

Para un gestor, entonces, la pregunta no debería ser solamente si la organización tiene HCE. La pregunta es si la HCE mejora la atención, reduce riesgos, facilita el trabajo, produce datos confiables, se comunica con otros sistemas y permite aprender.

Eso exige mirar más allá del proveedor tecnológico: flujos de trabajo, tiempos profesionales, gobernanza de datos, soporte, capacitación, indicadores, seguridad, interoperabilidad y participación de usuarios.

En síntesis, la historia clínica electrónica no es el final de la transformación digital, sino una de sus bases. Puede mejorar continuidad, seguridad, trazabilidad y gestión, pero solo si se integra a una forma mejor de trabajar. Cuando se la piensa como simple reemplazo del papel, suele prometer más de lo que entrega.

Cuando se la gobierna, se la diseña con usuarios, se la conecta con otros sistemas y se la usa para aprender, puede convertirse en una infraestructura central para un sistema de salud más inteligente y más cuidadoso.

Referencias

1. Tsai CH; Eghdam A; Davoody N; Wright G; Flowerday S; Koch S (2020). Effects of Electronic Health Record Implementation and Barriers to Adoption and Use: A Scoping Review and Qualitative Analysis of the Content. Life. doi: 10.3390/life10120327

2. Wright A; Ash JS; Singh H; Sittig DF (2016). New Unintended Adverse Consequences of Electronic Health Records. Yearbook of Medical Informatics. doi: 10.15265/IY-2016-023

3. Middleton B; Bloomrosen M; Dente MA; Hashmat B; Koppel R; Overhage JM; Payne TH; Rosenbloom ST; Weaver C; Zhang J (2013). Enhancing patient safety and quality of care by improving the usability of electronic health record systems: recommendations from AMIA. Journal of the American Medical Informatics Association. doi: 10.1136/amiajnl-2012-001458

4. Alzghaibi H; Hutchings HA (2025). Barriers to the implementation of large-scale electronic health record systems in primary healthcare centers: a mixed-methods study in Saudi Arabia. Frontiers in Medicine. doi: 10.3389/fmed.2025.1516714

5. deRiel E; Puttkammer N; Hyppolite N; Diallo J; Wagner S; Honore JG; Balan JG; Celestin N; Valles JS; Duval N; Thimothe G; Boncy J; Coq NRL; Barnhart S (2018). Success factors for implementing and sustaining a mature electronic medical record in a low-resource setting: a case study of iSante in Haiti. Health Policy and Planning. doi: 10.1093/heapol/czx171

6. Negro-Calduch E; Azzopardi-Muscat N; Krishnamurthy R; Novillo-Ortiz D (2021). Technological progress in electronic health record system optimization: Systematic review of systematic literature reviews. International Journal of Medical Informatics. doi: 10.1016/j.ijmedinf.2021.104507

7. Dinh-Le C; Chuang R; Chokshi S; Mann D (2019). Wearable Health Technology and Electronic Health Record Integration: Scoping Review and Future Directions. JMIR mHealth and uHealth. doi: 10.2196/12861

8. Li E; Lounsbury O; Clarke J; Ashrafian H; Darzi A; Neves AL (2024). Patient and caregiver perceptions of electronic health records interoperability in the NHS and its impact on care quality: a focus group study. Journal of Patient Experience. doi: 10.1177/1525822X16639015

9. Janssen A; Nazir M (2025). Technology-Enabled Workplace Learning Through Rethinking Electronic Health Records to Support Performance Feedback: Protocol for a Mixed Methods Study. Journal of Mixed Methods Research. doi: 10.1177/1558689810382916

10. Zehner ME; Kirsch JA; Adsit RT; Gorrilla A; Hayden K; Skora A; Rosenblum M; Baker TB; Fiore MC; McCarthy DE (2022). Electronic health record closed-loop referral to a state tobacco quitline: a retrospective case study of primary care implementation challenges and adaptations. Implementation Science Communications. doi: 10.1186/s43058-022-00357-4

11. Adler-Milstein J (2021). From Digitization to Digital Transformation. JAMA. doi: 10.1001/jama.2020.27014

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